La noche antes del descenso, Bindia ya quiso dormir con nosotros , y a penas habíamos mediado palabra con ella. Por un lado porque no hablaba inglés ni nosotros nepalí, y por otro lado porque era muy tímida, y tenía una gran falta de autoestima y seguridad en sí misma.
Nos marchamos bien temprano, nos acompañaba la propietaria del hotel y su hijo, que nos ayudarían a agilizar todos los tramites que necesitáramos hacer,para entonces ya se había encargado de contarles a todo "el pueblo" porters y guías toda la historia, por lo que a nuestro paso salian de sus casas y "hoteles" para despedirnos y desearnos toda la suerte del mundo.Y recordarle a Bindia lo afortunada que era, y que debía aprovechar la oportunidad que le estábamos dando.
Por el camino, nos cogía fuerte de la mano, y en Nepalí nos preguntaba que era esto y lo otro, para ir aprendiendo palabras en español. Bajó a Pokhara con unos zapatos tres tallas más grandes, un vaquero y una camisa de pijama. Por lo que pudimos deducir que mucha ropa no le habían dado, como en un principio prometieron a sus padres.
La caminata fue de unas 9 horas, estábamos agotados.En Nayapul, último pueblo antes de coger el taxi, aprovechamos para comprarle algo de ropa a Bindia, a precio Nepalí, allí nos reunimos con su padre, el nos acompañaría durante toda la semana, en el caso de tener que firmar algún papel etc...
Durante los siguientes 8 días nos alojamos en casa de unos familiares de la propietaria, conseguimos varios objetivos, la partida de nacimiento, y saber que si nos quedábamos solos con ella, la policía no nos diría nada, consultamos con abogados y policías y nos dejaron bien claro que no había ningún problema.
Respecto a su pasaporte debíamos esperar, pues estaban cambiando el sistema de impresión de pasaportes y no era posible sacarlos entonces. Consultamos con abogados, que intentaron rezagar nuestras intenciones, planteándonos la posibilidad de que la adoptáramos, pero nosotros habíamos consultado con abogados en España, y habiamos hecho infinidad de llamadas al consulado en Nepal, y esa era la última opción pues era la más larga, y lo más importante era, que nosotros no habíamos llegado a Nepal con esas intenciones, y aún más que Bindia tenía su familia y sus raíces, de las que en ningún momento se nos pasaba por la cabeza apartar.
Durante la estancia en Pokhara con ella, surgieron problemas que ahora ya quedan aparte, en cuanto a nuestra relación con ella. Achacamos todo a que es una niña practicamente salvaje, sin disciplina alguna, y peor aún no podía comunicarse con nosotros ni nosotros con ella.
En Nepal, la formar de educar es totalmente diferente a la nuestra, podríamos decir, que antiguamente en España era así, pero eso sólo lo sabemos porque nos lo han contado.
Nosotros, nunca hemos confundido la palabra respeto con miedo, y nunca nos han levantado la mano para enseñarnos lo que está bien o mal. Allí lo siguen haciendo, incluso en los colegios, y eso era lo que primero queríamos que entendiera Bindia. Que aprendiera el significado de la palabra amor, con amor, la palabra obediencia desde el respeto, y el respeto desde el cariño.
Pero se nos hacía muy difícil, cosa que desde un principio sabiamos que iba a ser, pero este caso era totalmente distinto a todo aquello que conocíamos, no es un caso más de adaptación entre dos culturas, es Bindia con ocho años de edad, sin hablar a penas Nepalí, por no haber ido nunca al colegio, sin disciplina porque sus padres jamás se la inculcaron, por su baja autoestima, que ni si quiera ella era consciente del porque, y que nosotros aunque si lo sabemos, decidimos que es parte de su intimidad.
Todo era nuevo para ella, jamás había visto un coche, un ventilador, ibamos al supermercado y lo quería todo, sin saber si quiera lo que era...
Suerte que teníamos un amigo, a quien confiar todos nuestros problemas, era alguién que le había sucedido lo mismo que a Alberto en la montaña, y era para la familia, como un hijo más. Se llama Om, y gracias a él tuvimos muchos avances con ella, el tenía estudios y la forma de trasmitirle las cosas era totalmente diferente, no era a gritos, era con delicadeza, jamás le levanto la mano para reñirle de algo, siempre lograba hacerle recapacitar. Y ella cada día aprendía con el, el significado de la palabra respeto.
La llevamos al oculista, porque pronto nos dimos cuenta que no era "low-mind" como la mayoría de la gente aseguraba. Según sus padres, Bindia solo había hecho un curso en cuatro años, y los profesores les dijeron que estaba mejor en casa trabajando y ayudando a la familia.
Cosa que despues hemos sabido que no es verdad, hizo un curso, tal vez no le fue como debiera, porque necesita gafas, tiene menos dos dioptrías en cada ojo, y ella le contó a Om que sus padres preferían que se quedara en casa cuidando de sus dos hermanos más pequeños.
Bueno pues le pusimos gafas y otra cosa más solucionada. Un día me dió por mirarle la boca, porque por supuesto, me imaginaba que hamás había ido al dentista, y madre mía, como nunca se había quejado?? La llevamos al dentista, y la cosa acabó con tres extracciones y un empaste, tenía una infección insoportable para una niña de su edad, pero jamás la oímos.
Por nuestra cuenta, le compramos algunos libros para que empezara a enseñarse a escribir y empezamos a darle clases nosotros mismos, pero nos dimos cuenta, que su caso era diferente y que nosotros no podíamos ayudarla. Su edad en años, seran ocho en Agosto, pero su edad intelectual es de un bebé, no ha tenido estímulos de aprendizaje de ningún tipo con relación a su edad, ni si quiera una televisión, para aprender que hay otro mundo si se sale de las montañas. Aunque sí sabía cocinar y hacer tareas domésticas, como es normal para un niña en Nepal.
Su falta de concentración es total, y aunque sí tiene memoria, nosotros no podíamos enseñarle técnicas de estudio y aprendizaje sin hablar su idioma.
Sabemos que es inteligente, porque una noche se aprendió las partes del cuerpo en español, y se las dijimos sólo una vez. Pero debíamos ser realistas, tal vez si Bindia se quedara un tiempo en Nepal, por supuesto sin trabajar, internada en un colegio, podría aprender más rápido, algo de disciplina y relacionarse con gente, cosa que en España estabamos que casi seguros le iba a producir un shock cultural, demasiadas normas, tan de repente, demasiados cambios, subir a un avión, rodearse de gente desconocida, una piscina, el mar...que ni sabe que existe.
Nos costó muchisimo tomar esta decisión, pero sabíamos que era lo mejor para ella, así que decidimos, ya que esa misma semana empezaban las clases en Nepal, internarla en un colegio.
Donde le dieran de comer, cuidaran de ella, y aprendiera almenos un poco de Inglés.
Vimos varios colegios, pero al final nos decidimos por uno Inglés, con profesores Nepalís, de religión Budista, porque Bindia es Budista y nos gustaría que siempre que ella lo quiera así continue siéndolo.