Alberto no podía salir de la minúscula habitación, ya que aunque era verano, a 3.600 metros de altura, los cambios de temperatura eran muy bruscos, y no podíamos jugárnosla, debía recuperarse cuanto antes.
Esto hizo que yo no tuviera otro entretenimiento que observar a través de la ventana.
Pronto algo nos llamó la atención, en el hotel-refugio, trabajaban chicas y chicos muy jóvenes, sabíamos que en Nepal, es normal, ver a un niño trabajar y además se les veía felices, a pesar de la cantidad de horas que echaban al día.Pero había alguien diferente, alguien que nunca sonreía, nunca hablaba con los turistas, a veces se quedaba mirando al vacío dispersa, tal vez como forma de evadirse.
En un principio pensamos que era un niño, pues llevaba el pelo corto, pronto descubrimos que no, que era una niña y se llamaba Bindia.(significa afortunada).
Una noche, cuando Alberto ya se encontraba mejor, decidimos hablar con la dueña del hotel, para que nos explicara quien era ella, y porque había tanta diferencia de ella respecto con las otras.
La dueña del hotel nos explicó que, una tarde andando por la montaña se la encontró muy sucia, con el pelo muy largo y enmarañado. Con su cabeza cargaba leña con el cesto típico nepalí, le preguntó porque no iba a la escuela y ella le respondió que ayudaba a sus padres en el campo.
No dudó en ir a su casa y hablar con sus padres ella le enseñaría un oficio, le daría un techo y comida, y a cambio sus padres podrían recoger mensualmente 1000 rupias (1o euros!!!).
Alberto y yo no podíamos creerlo, esa niña estaba sufriendo mucho, que futuro le esperaba? sin saber leer, ni escribir, sin hablar con nadie, debíamos hacer algo por ella, ¿pero el que?.
Despues de darle mil vueltas,decidimos decirle a la dueña del hotel que queríamos ayudarla, que pensarían sus padres si nos la lleváramos a España, sin adoptarla, simplemente esponsorizarla para que pudiera tener mejores posibilidades de aprender y tener un futuro mejor, puesto que para su edad, allí era un caso perdido en escolarización, pero en España sabemos que existen métodos más avanzados.
Ella podría volver cuando quisiera, porque ese es su lugar, nosotros no pretendíamos apatarla, solo darle una oprtunidad de futuro.
La señora se puso contentísima, nos explico que sus familia era muy pobre, y para ellos seríamos una bendición como caída del cielo. Nosotros queríamos hablar con sus padres, así que ella les llamó y al día siguiente y después de ocho horas de caminata se presentaron allí.
Con la ayuda de la dueña del hotel, les explicamos de la forma más sencilla nuestras intenciones, puesto que ellos por desgracia eran también analfabetos. Bindia tendría la posibilidad de estudiar y en el futuro poder optar a un buen trabajo y así poder ayudar a su familia.
Los padres estaban muy contentos, al fin la vida les daba una oportunidad.
Así que Bindia, bajaría con nosotros a Pokhara, y dejaría de trabajar para siempre al menos mientras fuera niña.

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